La Nación Roma secreta: 5 joyas fuera del circuito convencional para perderse entre callejones
03/05/2026
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Para esquivar las multitudes y las filas eternas, un recorrido que incluye la basÃlica construÃda sobre la tumba del apóstol Pablo, un museo y unas escalinatas menos transitadas que las de la plaza España
Para escapar a las multitudes en fila frente a la Bocca della Verità , el Panteón, la entrada de los Museos Vaticanos o los pórticos de seguridad de San Pedro, no hay mejor compañero que Luca Barbarossa. Las canciones del popular cantautor romano, que puede jactarse de haber comenzado su carrera entonando clásicos italianos en Piazza Navona, hablan de una Roma que solo pueden conocer, interpretar y adivinar los romanos de pura cepa. Nos lleva a la mágica VÃa Margutta, a pocos pasos de la abarrotada Piazza di Spagna, donde «cade la notte, senza fare rumore» (la noche cae, sin hacer ruido). Nos acompaña por los callejones de esta Caput Mundi, la verdadera capital del mundo, donde «pe’ tutti ce sta ‘n cuartino e ‘na bruschetta» (para todos hay un cuartito de vino y una bruschetta). Cada viajero tiene su Roma, más o menos monumental y turÃstica. Pero muy pronto, el laberinto de sus calles nos lleva hacia esquinas, plazas, colinas y pasadizos del tiempo que forman un mapa personal e irrepetible. AsÃ, al azar de nuestras deambulaciones, nos espera este puñado de sitios, secretas joyas de una Roma que «è de tutti, pure de chi sta allo sprofonno; perché ‘na vorta era de Roma un po’ tutto er monno» (es de todos, incluso de quienes están en lo más bajo; porque hubo un tiempo en que Roma era un poco todo el mundo). Dos papas sudamericanos San Pablo Extramuros es una exquisita joya del arte religioso, mucho menos visitada que el Vaticano, Santa MarÃa la Mayor y otras iglesias céntricas de Roma, aunque es una de las cuatro basÃlicas mayores de la ciudad. Discreta e imponente a la vez, sorprende no solo por sus dimensiones, sino también porque en sus paredes se aprecia el legado de los siglos, con mosaicos que retratan a cada papa desde San Pedro. La basÃlica se erigió sobre la tumba del apóstol Pablo, también conocido como el Apóstol de los Gentiles, y algunas de sus paredes datan del siglo IV. El fatÃdico incendio de 1823 devoró gran parte de su estructura medieval, pero fue reconstruida con magnificencia. En lo más alto de las naves, sostenidas por columnas de alabastro, los mosaicos dorados forman una procesión de rostros. Los papas se suceden unos a otros y los visitantes de hoy se llevan la grata sorpresa de descubrir que tanto Francisco como León XIV han sido agregados recientemente, lo que suma dos pontÃfices del Nuevo Mundo. Están al final, junto a emplazamientos vacÃos que esperan a los futuros sucesores de San Pedro. Después del cuerpo central de la basÃlica, vale la pena dedicarle un momento al claustro del siglo XIII, un superviviente milagroso de las llamas. En camino a Ostia, una montaña de arcilla y un museo fuera de lo común En el corazón del barrio de Testaccio se alza una anomalÃa arqueológica que pasa desapercibida para muchos transeúntes. Sin embargo, nos habla de la logÃstica de los tiempos imperiales. A diferencia de las siete colinas de Roma, que son naturales, el monte Testaccio es artificial. PodrÃa decirse incluso que es un monumento escondido al sobreconsumo que ya existÃa en el mundo antiguo, hace dos mil años. Este monte es, en realidad, un vertedero formado por 25 millones de fragmentos de ánforas de aceite que se fueron acumulando durante varios siglos. Estas vasijas, en su mayorÃa procedentes de la Bética (la actual AndalucÃa), llegaban por el TÃber y, al no ser reutilizables, se apilaban en el lugar que terminó convirtiéndose en un monte en la toponimia romana. El pueblo a 1 hora de Buenos Aires con una reserva natural reconocida por la Unesco y más de 280 especies de avesEn sus fragmentos de arcilla aún se pueden leer los «tituli picti», las etiquetas de los siglos II y III d. C., que ya especificaban el peso, el origen y el mercader. La trazabilidad no es una invención moderna, como se descubre frente a esta colina de 54 metros de altura. A solo quince minutos de este monte que no lo es, se llega a un museo único en el mundo. En el tiempo que se tarda en escuchar algunos temas de Luca Barbarossa como Roma Spogliata u otros, se cruza el barrio Ostiense de Roma hasta la Centrale Montemartini. Pocos lugares en el mundo fusionan la arqueologÃa industrial y el arte clásico. Se trata, en realidad, de una exposición de estatuas de dioses y héroes antiguos en una antigua central termoeléctrica de 1912. El arte clásico convive con turbinas, calderas y motores diésel. Es un escenario surrealista en el que la frialdad de las máquinas realza la pureza del mármol de las obras que fueron excavadas en Roma a finales del siglo XIX. Como dato insólito en un museo insólito, se exhibe el tren de 1859 del papa PÃo IX, cuyos vagones fueron convertidos en apartamentos de lujo y capillas móviles. Del Viale Glorioso al cielo Las escalinatas más famosas de Roma son las de la plaza de España. Sin embargo, no son las únicas en la ciudad de las siete colinas. En el Trastevere, pero en una zona alejada del bullicio y de la vida nocturna, unos 128 peldaños suben hasta lo que se podrÃa considerar el «balcón de la nostalgia». La Scalinata es una prolongación del Viale Glorioso que sube hasta la parte superior de Monteverde. Desde ahà arriba, debajo del pino parasol (que le da un toque romano inconfundible al conjunto), se pueden disfrutar unas vistas de Roma en las que destacan campaniles y monumentos. Ese panorama era el rincón predilecto del gran director de cine Sergio Leone, quien vivió en el barrio hasta su muerte y cuya huella perdura en una placa dedicada a su memoria. Si hay que subir esta larga escalinata, que sea al atardecer, para tener una vista en cinemascope, como si la hubiera filmado el mismÃsimo Leone… Otra vista «sopra i tetti di Roma», como canta Luca Barbarossa, es desde las azoteas, un producto turÃstico que florece por doquier en la Ciudad Eterna. Si hay que elegir una entre las muchas que hay, podrÃa ser la Terrazza delle Cinque Lune, cerca de Piazza Navona. Se trata de un refugio exclusivo, envuelto en flores y vegetación mediterránea, que ofrece una panorámica de 360 grados sobre las cúpulas vecinas. La vista es espléndida a cualquier hora, pero el lugar se vuelve más mágico a última hora de la noche, incluso en invierno. En ese momento, cuando el silencio se adueña de las calles y las mesas solo logran retener a las parejas más enamoradas, esta terraza merece plenamente su nombre. Con un trago en la mano, es el momento de brindar por la ciudad entera. Quizás suena en la radio una canción de Luca Barbarossa, aquella que pide: «Roma fatata lasciami cantare una serenata» (Roma encantada, déjame cantar una serenata). Datos para las visitas BasÃlica de San Pablo Extramuros: Piazzale San Paolo, 1. Abre diariamente de 7:00 a 18:30 h. El claustro cierra un poco antes. La entrada es gratuita, pero para visitar el claustro y el área arqueológica hay que pagar 4 €. Monte Testaccio: Via Nicola Zabaglia, 24. Acceso al recinto restringido a visitas guiadas con reserva previa. Se recomienda combinar la visita con un paseo por el cercano mercado de Testaccio. La entrada cuesta 4 € y 13 € con visita guiada. Central Montemartini: Via Ostiense, 106. De martes a domingo de 9:00 a 19:00 h. Precio: 11 €. La escalinata de Viale Glorioso se encuentra al final de la calle del mismo nombre, en el barrio de Trastevere. Acceso público y gratuito. Buscar la placa dedicada a Sergio Leone y disfrutar de la tranquilidad de la zona alta de Trastevere. Terrazza delle Cinque Lune: entrada por Via Giuseppe Zanardelli, 23. Abierta para desayunos, aperitivos, comidas y cenas. Exclusivo espacio en la azotea con gastronomÃa de alto nivel dirigida por el chef Fabrizio. Se recomienda efectuar reservas en temporada alta. https://terrazzadelle5lune.plateform.app/reserve. Citas de las canciones: “Via Marguttaâ€, “Roma è di tuttiâ€, “Roma spogliataâ€.
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