La Nación El misterio de los hongos que hacen alucinar a la gente con decenas de humanos diminutos
27/01/2026
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La L. asiatica se vende en los mercados, aparece en los menús de los restaurantes y se consume en los hogares; sin embargo, es fundamental cocinarlo bien
Cada año, los médicos de un hospital en la provincia de Yunnan, en China, se preparan para recibir una afluencia de personas con una dolencia inusual. Los pacientes presentan un sÃntoma sorprendentemente extraño: visiones de figuras diminutas, parecidas a duendes, que marchan debajo de las puertas, trepan por las paredes y se aferran a los muebles. El hospital trata cientos de estos casos anualmente. Todos comparten un origen común: la Lanmaoa asiática, un tipo de hongo que forma relaciones simbióticas con los pinos en los bosques cercanos y que es un alimento popular en la región, conocido por su sabor sabroso y su umami.En Yunnan, la L. asiatica se vende en los mercados, aparece en los menús de los restaurantes y se consume en los hogares durante la temporada alta de hongos, entre junio y agosto. Sin embargo, es fundamental cocinarlo bien; de lo contrario, se producen las alucinaciones. “En un restaurante de fondue de hongos, el mesero puso un temporizador de 15 minutos y nos advirtió: ‘No lo coman hasta que suene la alarma o podrÃan ver personas diminutas’â€, cuenta Colin Domnauer, investigador de la Universidad de Utah y el Museo de Historia Natural de Utah, quien estudia la L. asiatica.“Parece ser un conocimiento muy común en la cultura localâ€, agrega. Pero fuera de Yunnan y de un par de lugares más, este extraño hongo es en gran medida un enigma. “HabÃa muchos relatos sobre la existencia de este hongo psicodélico, y muchas personas lo buscaron, pero nunca encontraron la especieâ€, afirma Giuliana Furci, micóloga y fundadora y directora ejecutiva de la Fundación Fungi, una organización sin fines de lucro dedicada al descubrimiento, la documentación y la conservación de los hongos.Domnauer se propuso resolver los misterios que rodean a esta especie de hongo desde hace décadas e identificar el compuesto desconocido responsable de las alucinaciones.“Alucinaciones liliputiensesâ€Domnauer oyó hablar de L. asiatica por primera vez cuando era estudiante de grado, de la mano de su profesor de micologÃa. “Me pareció tan extraño que pudiera existir un hongo que causara visiones de cuento de hadas, reportadas en diferentes culturas y épocasâ€, dice Domnauer. “Estaba perplejo y la curiosidad me impulsó a investigar másâ€, añade.La literatura académica proporcionó algunas pistas. En un artÃculo de 1991, dos investigadores de la Academia China de Ciencias describieron casos de personas en la provincia de Yunnan que habÃan consumido un cierto hongo y experimentado “alucinaciones liliputiensesâ€, el término psiquiátrico para la percepción de pequeñas figuras humanas, animales o fantásticas.Recibe este nombre por los pequeños habitantes de la isla ficticia de Lilliput de la novela Los viajes de Gulliver. Los pacientes veÃan estas figuras “moviéndose por todas partesâ€, escribieron los investigadores; por lo general, habÃa más de diez seres diminutos en la escena. “Los veÃan en su ropa al vestirse y en sus platos al comerâ€, añadieron los investigadores. Las visiones “eran aún más vÃvidas con los ojos cerradosâ€.Ya en la década de 1960, Gordon Wasson y Roger Heim, el autor estadounidense y el botánico francés que dieron a conocer la existencia de los hongos psilocibina al público occidental, encontraron algo similar en Papúa Nueva Guinea. Buscaban un hongo que, según un equipo de misioneros que habÃa visitado la zona 30 años antes, provocaba que los lugareños se volvieran “locosâ€, algo que un antropólogo denominó posteriormente la “locura de los hongosâ€.Sin saberlo, lo que encontraron se parece sorprendentemente a los informes actuales de China. Recolectaron especÃmenes de la especie sospechosa y los enviaron a Albert Hofmann, el quÃmico suizo que descubrió el LSD, para su análisis. Pero Hofmann no logró identificar ninguna molécula de interés. El equipo concluyó que las historias que habÃan escuchado en el campo debÃan ser relatos culturales en lugar de tener una base farmacológica, y no se hizo ninguna investigación adicional.No fue hasta 2015 que los investigadores describieron y nombraron formalmente a la L. asiatica, aun sin muchos detalles sobre sus propiedades psicoactivas. Por lo tanto, el primer objetivo de Domnauer fue determinar la verdadera identidad de la especie.Un viaje de descubrimientosEn 2023, viajó a Yunnan durante la temporada alta de hongos en verano. Recorrió los extensos mercados de hongos de la provincia y preguntó a los vendedores qué hongos “hacÃan ver personas diminutasâ€. Compró los que le señalaron los vendedores, entre risas, y llevó los especÃmenes al laboratorio para secuenciar sus genomas. Esto confirmó la identidad de la L. asiatica, asegura.En una investigación que está preparando para su publicación, los extractos quÃmicos de los especÃmenes de laboratorio produjeron cambios en el comportamiento de ratones similares a los reportados en los humanos.Tras la administración de los extractos de hongos, los ratones experimentaron un perÃodo de hiperactividad seguido de un largo estupor durante el cual apenas se movÃan.Domnauer también visitó Filipinas, donde habÃa oÃdo rumores de un hongo que causaba sÃntomas similares a los descritos en los registros históricos de China y Papúa Nueva Guinea.Los especÃmenes que recolectó allà tenÃan un aspecto ligeramente diferente a los chinos: eran más pequeños y de color rosa claro, en comparación con los hongos chinos, que eran más grandes y rojizos, según explica.Sin embargo, sus análisis genéticos revelaron que se trataba de la misma especie.En diciembre de 2025, el tutor de Domnauer también visitó Papúa Nueva Guinea para buscar los hongos mencionados en los registros de Wasson y Heim, cuya identidad, según el investigador, “sigue siendo una gran incógnitaâ€.Sin embargo, no lograron encontrar ninguno, por lo que el misterio persiste.“PodrÃa ser la misma especie, lo cual serÃa sorprendente porque Papúa Nueva Guinea normalmente no comparte especies con China y Filipinasâ€, dice Domnauer.O podrÃa ser una especie diferente, lo cual serÃa aún “más interesante desde una perspectiva evolutivaâ€, añade.Esto significarÃa que los mismos efectos liliputienses han evolucionado de forma independiente en diferentes especies de hongos en partes del mundo completamente distintas.Efectos inusualmente prolongadosExisten precedentes de este fenómeno en la naturaleza.CientÃficos, incluidos algunos que trabajan en el mismo laboratorio que Domnauer, descubrieron recientemente que la psilocibina, la molécula psicodélica presente en los hongos alucinógenos, evolucionó de forma independiente en dos tipos de hongos lejanamente emparentados.Pero no es la psilocibina la que produce el efecto liliputiense en los hongos L. asiatica, afirma Domnauer.Él y su equipo aún intentan identificar el compuesto quÃmico responsable de las alucinaciones en la L. asiatica.Las pruebas actuales sugieren que probablemente no esté relacionado con ningún otro compuesto psicodélico conocido.Para empezar, los efectos que produce son inusualmente prolongados, con una duración de entre 12 y 24 horas, e incluso en algunos casos se requiere de una hospitalización de hasta una semana.Debido a la duración extraordinariamente larga de estos efectos y la posibilidad de efectos secundarios prolongados como delirio y mareos, Domnauer aún no ha probado los hongos crudos.Estos viajes alucinógenos tan intensos podrÃan explicar por qué en China, Filipinas y Papúa Nueva Guinea no parece existir la tradición de buscar deliberadamente la L. asiatica por sus efectos psicoactivos, según los hallazgos de Domnauer.“Siempre se consumÃa como alimentoâ€, dice Domnauer, y las alucinaciones eran un efecto secundario inesperado.Existe otro factor curioso: otros compuestos psicodélicos conocidos suelen producir experiencias idiosincráticas que varÃan no solo de persona a persona, sino también de una experiencia a otra en el mismo individuo.Sin embargo, con L. asiatica, “la percepción de personas pequeñas se reporta de forma muy fiable y repetidaâ€, asegura Domnauer.“No conozco ningún otro compuesto que produzca alucinaciones tan consistentesâ€, continúa.Investigación y farmacologÃaComprender este hongo no será tarea fácil, dice Domnauer, pero al igual que con los estudios de otros compuestos psicodélicos, la investigación cientÃfica que genere podrÃa abordar las grandes preguntas sobre la conciencia y la relación entre la mente y la realidad.También podrÃa proporcionar pistas importantes sobre qué causa las alucinaciones liliputienses espontáneas en personas que no consumen L. asiatica.Esta afección es rara, y hasta 2021, solo se habÃan reportado 226 casos no relacionados con hongos desde que se describieron por primera vez las alucinaciones liliputienses en 1909.Pero para estas pocas personas, las consecuencias pueden ser graves: un tercio de los pacientes con casos no relacionados con hongos no se recuperaron por completo.Estudiar la L. asiatica podrÃa ayudar a los cientÃficos a comprender mejor los mecanismos cerebrales que subyacen a estas visiones liliputienses que ocurren de forma natural, e incluso podrÃa conducir a nuevos tratamientos para personas que desarrollan esta afección neurológica, afirma Domnauer.“Ahora podrÃamos comprender en qué parte del cerebro se originan las alucinaciones liliputiensesâ€, dice Dennis McKenna, etnofarmacólogo y director de la Academia McKenna de FilosofÃa Natural, un centro educativo sin fines de lucro en California, Estados Unidos.El académico coincide en que comprender los compuestos del hongo podrÃa dar lugar a nuevos descubrimientos farmacológicos.“¿Existe una aplicación terapéutica? Aún está por verseâ€, añade McKenna.Los investigadores estiman que se ha descrito menos del 5% de las especies de hongos del mundo, por lo que los hallazgos también destacan el “enorme potencial†de descubrimiento en los ecosistemas del planeta, cada vez más reducidos, sostiene Furci, cuyo trabajo se centra en la exploración del reino de los hongos.“Los hongos poseen una vasta biblioteca bioquÃmica y farmacológica que apenas estamos empezando a explorarâ€, dice Furci.“TodavÃa hay un mundo de descubrimientos por hacerâ€.*Por Rachel Nuwer
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